La economía basada en el conocimiento es una expresión acuñada para destacar las tendencias más recientes en la economía mundial. Estas revelan un creciente uso de la información y el conocimiento en la producción de bienes y servicios, en la formulación de estrategias empresariales y en el diseño y ejecución de las políticas económicas, industriales y tecnológicas. En esta época, el conocimiento que se incorpora en la producción de bienes y servicios es lo que explica la diferencia en el desempeño que obtienen las empresas y naciones.
En el ámbito de la educación la “explosión” del conocimiento es significativa en el desarrollo del ámbito empresarial y económico. Pese a la revolución de la información se ha cargado de elementos relevantes e irrelevantes, el discernimiento de éstas deben ser mucho más minucioso puesto que la trascendencia de la información, como elemento primordial, solo será fructífero en la producción si se cuenta con datos de primer nivel.
El concepto de economía basada en el conocimiento ha sido el resultado de un fuerte reconocimiento del rol que la tecnología y el conocimiento tienen en el crecimiento económico.
Particularmente, durante la década de los noventa comenzaron a circular varias publicaciones de carácter académico, gubernamental y de negocios que comenzaron a acuñar el término y que reconocían que las actividades económicas estaban siendo transformadas por los avances en las tecnologías de información y comunicación (David, 2002). No obstante, el concepto como tal ha sido fuertemente impulsado principalmente por el Banco Mundial1 y por la OECD.
Aunque actualmente no existe un consenso unánime sobre cuál es la definición precisa de una economía basada en el conocimiento, sí existen elementos comunes a todos los intentos por conceptuar el fenómeno. A grandes rasgos, la mayoría de las definiciones coinciden con la propuesta del Banco Mundial (2001) que señala que en la nueva economía el conocimiento es creado, adquirido, transmitido y utilizado con mayor efectividad por los individuos, las organizaciones y las comunidades para promover el desarrollo económico y social.
Por su parte, otras organizaciones gubernamentales define a las economías del conocimiento como aquellas basadas directamente en la producción, distribución, y uso del conocimiento y la información, y que están apoyadas por los rápidos avances de la ciencia y de las tecnologías de la comunicación y la información. Es precisamente la OECD quien distingue que la creación rápida de conocimiento y la mejora al acceso a las bases de conocimiento son factores que están incrementando la eficiencia, la innovación, la calidad de los bienes y servicios, así como la equidad.
La división del trabajo en el ámbito educativo hace que las mismas actividades sean mucho más exactas y especializadas puesto está directamente relacionado con contar con informaciones también precisas y exactas a fin de estar en continuar relación con el acontecer de las diferentes situaciones y problemáticas educativas.
Para analizar y entender el concepto de “economía del conocimiento” vinculado en el ámbito educativo es necesario primeramente identificar qué es lo que caracteriza a una economía del conocimiento.
Primeramente, en este tipo de economía el conocimiento y la información son los principales insumos para la producción pero a la vez son productos que la misma economía genera. Y, a su vez, el desarrollo de la economía esta estrechamente relacionado con el desarrollo educativo. En ese sentido, los trabajadores (que en el ámbito educativo serían los profesores) más numerosos de la nueva economía no producen ningún producto tangible, sino que continuamente están transformando conocimientos e información en nuevo conocimiento e información para los que existe un mercado; además, bajo la nueva dinámica económica hay una velocidad mucho mayor en la difusión de la información y el conocimiento por lo que una habilidad de los trabajadores del conocimiento es seleccionar e interpretar la nueva información y conocimiento y traducirlo a actividades redituables .
En los últimos años se ha generalizado el uso del término “economías del conocimiento” para describir a aquellas economías nacionales o sectores productivos que muestran un mayor dinamismo y crecimiento originado por la producción y el uso intensivo de la información, la tecnología y el conocimiento en la creación de valor. Se conjetura que en una economía basada en el conocimiento el cambio tecnológico y la innovación son los motores que hacen posible la expansión de la actividad económica en tanto que los mismos vayan ligados a una mayor disponibilidad de mano de obra calificada.
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En el ámbito de la educación la “explosión” del conocimiento es significativa en el desarrollo del ámbito empresarial y económico. Pese a la revolución de la información se ha cargado de elementos relevantes e irrelevantes, el discernimiento de éstas deben ser mucho más minucioso puesto que la trascendencia de la información, como elemento primordial, solo será fructífero en la producción si se cuenta con datos de primer nivel.
El concepto de economía basada en el conocimiento ha sido el resultado de un fuerte reconocimiento del rol que la tecnología y el conocimiento tienen en el crecimiento económico.
Particularmente, durante la década de los noventa comenzaron a circular varias publicaciones de carácter académico, gubernamental y de negocios que comenzaron a acuñar el término y que reconocían que las actividades económicas estaban siendo transformadas por los avances en las tecnologías de información y comunicación (David, 2002). No obstante, el concepto como tal ha sido fuertemente impulsado principalmente por el Banco Mundial1 y por la OECD.
Aunque actualmente no existe un consenso unánime sobre cuál es la definición precisa de una economía basada en el conocimiento, sí existen elementos comunes a todos los intentos por conceptuar el fenómeno. A grandes rasgos, la mayoría de las definiciones coinciden con la propuesta del Banco Mundial (2001) que señala que en la nueva economía el conocimiento es creado, adquirido, transmitido y utilizado con mayor efectividad por los individuos, las organizaciones y las comunidades para promover el desarrollo económico y social.
Por su parte, otras organizaciones gubernamentales define a las economías del conocimiento como aquellas basadas directamente en la producción, distribución, y uso del conocimiento y la información, y que están apoyadas por los rápidos avances de la ciencia y de las tecnologías de la comunicación y la información. Es precisamente la OECD quien distingue que la creación rápida de conocimiento y la mejora al acceso a las bases de conocimiento son factores que están incrementando la eficiencia, la innovación, la calidad de los bienes y servicios, así como la equidad.
La división del trabajo en el ámbito educativo hace que las mismas actividades sean mucho más exactas y especializadas puesto está directamente relacionado con contar con informaciones también precisas y exactas a fin de estar en continuar relación con el acontecer de las diferentes situaciones y problemáticas educativas.
Para analizar y entender el concepto de “economía del conocimiento” vinculado en el ámbito educativo es necesario primeramente identificar qué es lo que caracteriza a una economía del conocimiento.
Primeramente, en este tipo de economía el conocimiento y la información son los principales insumos para la producción pero a la vez son productos que la misma economía genera. Y, a su vez, el desarrollo de la economía esta estrechamente relacionado con el desarrollo educativo. En ese sentido, los trabajadores (que en el ámbito educativo serían los profesores) más numerosos de la nueva economía no producen ningún producto tangible, sino que continuamente están transformando conocimientos e información en nuevo conocimiento e información para los que existe un mercado; además, bajo la nueva dinámica económica hay una velocidad mucho mayor en la difusión de la información y el conocimiento por lo que una habilidad de los trabajadores del conocimiento es seleccionar e interpretar la nueva información y conocimiento y traducirlo a actividades redituables .
En los últimos años se ha generalizado el uso del término “economías del conocimiento” para describir a aquellas economías nacionales o sectores productivos que muestran un mayor dinamismo y crecimiento originado por la producción y el uso intensivo de la información, la tecnología y el conocimiento en la creación de valor. Se conjetura que en una economía basada en el conocimiento el cambio tecnológico y la innovación son los motores que hacen posible la expansión de la actividad económica en tanto que los mismos vayan ligados a una mayor disponibilidad de mano de obra calificada.
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